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Entrevistas y reportajes
   
  14 may 2010  
 

'Soy de este tipo de gente que nos gusta dejar constancia de que hemos pasado por aquí'

     
   

Rodrigo Borque lleva dedicado al mundo del arte toda una vida. Actualmente, dedica la mayor parte de su esfuerzo a Pure Morning, un proyecto musical hecho íntegramente por él: compone la música y las letras, crea las bases electrónicas, graba todos los instrumentos y canta todas las voces que suenan en cada canción. También ideó el logotipo, diseña el concepto de cada maqueta, define los colores de cada trabajo, hace los videoclips, crea animaciones,... Todo totalmente ‘make yourself’.

Define Pure Morning como una combinación de todas estas cosas que ha ido encontrándose a lo largo de su vida. Su estilo musical es electrónico, aunque, señala, no tiene claro de qué tipo. “Mis amigos me dicen que soy muy oscuro, no sé. Lo único que sé es que mi intención es hacer rock. Con maquinitas, pero rock. A veces lo consigo y otras veces la propia canción me lleva hacia otros lugares que ni yo sabía que iba a encontrar”.

COMIENZOS

Ya desde sus primeros años en el colegio empezaba a despuntar en el panorama artístico, y con 12 ó 13 años comenzó a componer sus primeras canciones. Los temas: chicas, sexo, amor… los sueños, anhelos y miedos propios de un chico de su edad.  Canciones que grababa con dos casettes, a través de los que mezclaba música instrumental de cualquier disco recopilatorio de la época y sus propias letras. Mientras tanto, descubría otras disciplinas artísticas, como por ejemplo el dibujo, del cuál, como asegura él, “dejaba huella en la mesa del colegio”.

Tras sus estudios primarios comenzó la secundaria en el instituto Castilla, atraído por el taller de teatro que ofertaba este centro en segundo de BUP. Porque a pesar de sus innumerables incursiones en las distintas disciplinas, su verdadera pasión era actuar. Así, durante este tiempo y gracias a la implicación de algunos de los profesores responsables de este taller, poco a poco fue conociendo y enamorándose de las artes escénicas. Al mismo tiempo,  descubrió el grupo de teatro Bo- eme, donde pudo continuar formándose y gracias al cual conoció a algunas de las personas más importantes de su vida.

Hizo teatro, algún corto, bailó durante un par de años de manera amateur, hizo figuración en cine, grabó un spot para una campaña en Bruselas y colaboró con Leo Bassi durante su visita al Palacio de la Audiencia en Soria, hace ya más de diez años.

Tras acabar la secundaria Rodrigo ya tenía clara su vocación. Y para ello se matriculó en la Escuela de Artes de Soria, en la que cursó bachillerato. De allí pasó a la Universidad de Salamanca, donde está terminando la carrera de Bellas Artes. Ha optado por especializarse en dibujo, ilustración y diseño, asignaturas en las que, asegura “he tenido las mejoras notas que jamás imaginé, que jamás imaginé yo ni mis profesores del instituto”. El último trabajo que ha desarrollado en este campo ha sido el diseño del logotipo para la Asamblea de mujeres Olimpia. “Me encanta el diseño, la tipografía. De eso puedo dar las gracias a la Universidad de Salamanca, de haber tenido muy buenos profesores en esta rama y con los que he aprendido que el diseño no es encender el ordenador y jugar con el Photoshop”.

Como reconocimiento a su trabajo, ha ganado varios premios del Certamen de Creación Joven que cada año organiza el Ayuntamiento de Soria en las modalidades de cómic, video y fotografía, así como alguno de ilustración en Salamanca.

Todo su trabajo se puede encontrar colgado en la red: Facebook, Myspace, Youtube. Como muestra, la descarga totalmente gratuita de su última maqueta.

AUTORETRATO

Si tuviera que definirse de alguna manera, se definiría como un productor “sin un duro pero productor”. Porque toda la música que escucha –que no es poca- acaba destripándola, desgajándola en cada uno de los instrumentos que la componen, descubriendo el trabajo que hay detrás. Es por ello que se considera productor, tanto de canciones, como de cuadros, dibujos, relatos, etc. “Ese tipo de gente que nos gusta dejar constancia de que hemos pasado por aquí”.

Sin embargo, sigue siendo ese niño de 12 ó 13 años que aún tiene miedo. Que le tiene miedo a la vida laboral, a que realmente sea tarde para él, que nadie entienda lo que hace y por qué lo hace. Miedos comunes al resto de la humanidad, pero que a él le sirven para convertirlos en su música ahora, en sus dibujos o en su forma de actuar antes, y quien sabe a qué le llevarán en su futuro.

 
Laura Álvaro Andaluz