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| ¿Que
conoces de nuestra provincia? Compruébalo
en este crucigrama. |
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| UXAMA
Y EL BURGO DE OSMA |
Si
para empezar lo mejor es hacerlo por el principio, el
génesis histórico de este punto geográfico
lo da Uxama. La ciudad celtíbera primero y romana
después se asienta sobre un antiguo castro, que
da nombre al cerro defendido por el río Ucero.
Arévaca como Numancia y Tiermes e igual de importante
que ambas, la población ha dado al Museo Numantino
mosaicos, cerámicas, monedas, esculturas y artesanía,
además de conservar in situ restos de construcciones
públicas y privadas. Un poco más allá,
la cartografía histórica se traslada a una
colina contigua, donde una ciudad medieval alzó
muralla y tuvo burgo. El castillo de Osma escruta el horizonte
mientras recuerda un pasado en el que la pequeña
aldea fue grande en la historia. Abajo, un puente de piedra
pone una nota restaurada al lado de la Torre del Agua
y la iglesia de Santa Cristina, cuyo cuerpo incorrupto
descansa en el altar mayor. El Ucero se encarga de cerrar
bellezas en su hoz encajonada, emprendiendo su camino
definitivo hacia el Duero junto a una carril cicloturista
y peatonal. Que no le engañe al viajero la humilde
arquitectura de adobe y bodega de la vieja Osma. Fue destacado
emplazamiento en el Medievo y bajo su amparo nacería
el modesto burgo que, con el tiempo, acabó desplazando
de ella vida e importancia.
Llegamos así a la tercera a nuestro destino esencial,
donde San Pedro de Osma erigió una catedral románica
y sentó así la primera piedra de lo que
llegaría a convertirse en sede episcopal, villa
prieta en patrimonio y una de las más importantes
localidades del desarrollo soriano. El Burgo de Osma,
Conjunto declarado Histórico-Artístico,
despliega uno de los más nutridos legados culturales
de la provincia. Para empezar, la calle Mayor recibe con
su hermoso recorrido porticado en el primer encontronazo
con arte y arquitectura. Una plaza salpicada de terrazas
abre a la izquierda la perspectiva del valioso edificio
que sirve de Ayuntamiento. A la derecha, la construcción
barroca del Hospital de San Agustín acoge la Oficina
de Turismo y un centro cultural, con uno de las mejores
espacios de exposición de Soria. Vamos, entre soportales
castellanos y edificios nobles, a desembocar en una plaza
de trazado irregular que conforma un escenario al que
nada le falta: en el frente sur, las casas porticadas
de los canónigos; en el centro, la fuente de piedra;
al fondo, la puerta de San Miguel y la muralla. Y presidiendo
el conjunto, la esbelta, fascinante Catedral. Románico,
gótico, barroco y neoclásico se entretienen
delicadamente en ella, en una fusión exquisita
en la que policromías sacras y luces de vidrieras
suspenden el tiempo.
El
templo burgense siempre fue hermoso. Pero desde la celebración
de Las Edades del Hombre, en 1997, una luminosidad más
limpia ha venido a colarse por entre las vidrieras y el
claustro gótico tardío. Pasee por él.
Reconozca los restos románicos del edificio primitivo
en el muro sur, acérquese a la antigua sala capitular
donde dos dragones velan el sueño del santo fundador
en su sepulcro gótico y policromo... A su alrededor,
las salas de un inexcusable Museo exponen cantorales,
códices, incunables, orfebrería y objetos
sacros de toda la provincia. Recorra la tranquilidad en
claroscuro del templo. Deténgase ante las tallas
románicas y góticas. Detenga los relojes
delante del impresionante retablo mayor de Juan de Juni
y Picardo. Más allá espera la escalinata
renacentista de la capilla de San Pedro de Osma y su sepulcro.
En el interior neoclásico de la Capilla Mayor se
guarda el Beato de Osma, miniado a principios del XIX.
Dicen que en la composición y decoración
de la de Palafox o de la Inmaculada hay posibles connotaciones
francmasónicas. Cuentan que en la catedral gótica
se derramaron símbolos alquimistas... Y piérdase
con los ojos por las bóvedas de nervatura estrellada,
los finos parteluces, las tablas góticas, las imágenes,
las rejas, los caprichos de la luz serena...
Más tarde, cuando el tiempo se haya suspendido
lo suficiente entre las naves del templo, salga a la calle
y acérquese hasta la Puerta de San Miguel, el Convento
del Carmen, el parque que despierta al aire libre con
más de cuarenta especies vegetales... Y allí
donde el Ucero y el Abión se besan, el barrio de
las Tenerías tiene memorias de aljama judía.
Disfrute del paisaje, el puente y el castillo de Osma,
la vega, la hoz, el cerro de Uxama...
Dijimos
que la agenda burgense era apretada en monumentos y paseos:
aún queda el Seminario neoclásico, la Universidad
de Santa Catalina -de portada plateresca y uno de los
pocos centros de estudios generales reconocidos del Renacimiento-.
el viejo Hospicio con 365 ventanas -una por cada día
del año-, que hoy es Residencia de Minusválidos
Psíquicos. Y camine. Camine y entréguese
al dédalo de calles, al ritmo dinámico,
a los mesones y... a la gastronomía. Porque El
Burgo, un pueblo que ha sabido abrirse a la viveza de
los tiempos nuevos sin perder el testimonio de los pasados,
se salpica de mesones y restaurantes en los que beber
bien y comer mejor. Si es invierno, quizá pueda
participar en las jornadas rito-gastronómicas (y
casi pantagruélicas) de la matanza, impulsadas
por uno de los restaurantes más célebres
de la geografía provincial. |
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Todas
estas rutas forman parte de la amplia oferta del Patronato
Provincial de Turismo de Soria. Los contenidos y las
imágenes de cada uno de los recorridos han sido
facilitados a valonsadero.com por el propio Patronato.
Los textos son obra de Susana Gómez Redondo,
y las fotografías perteneces al archivo del Patronato
de Turismo, Fernando Santiago, Lourdes Lezcano, Félix
Lozano, Alejandro Plaza, Valentín Guisande, Manuel
Caloto y Paco Lucas.
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