21:42, 07-10-2008
 
 
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TIERRAS DE MEDINACELI

CRUCE DE SEDUCCIONES
Ese día, -uno de tantos que quisimos empaparnos de la belleza de una de las villas más hermosas de la provincia-acabamos empapándonos también de lluvia. Fue un aguacero pequeño e intenso, de los que lavan el mundo y dejan la sensación de que todo está aún por hacer..Todo menos la belleza limpia de las calles medinenses, por un rato vacías y húmedas como un bautizo de nube.
Habíamos elegido para llegar la carretera que parte de la Nacional 111, antes de atravesar Medinaceli-Estación y su complejo de restaurantes y hoteles, para bordear después la montaña sobre la que se erige el pueblo. desde arriba, enla cumbre del cerro sobre el que se asienta, el Valle del Jalón se estrenaba abajo. era la misma perspectiva-con las modificaciones propias de los hombres y del tiempo- que tuvieran los celtíberos de aquellaantigua Occilis fundada en la colina aguda.
Como casi todos los sitios cuya situación los convierte en estratégicos por naturaleza, la encrucijada estaba escrita en su sustrato. Su destino no podía ser otro que el de convertirse en punto de encuentro -y de batallas- de los hombres de todos los tiempos, que habrían de superponer su historia en este espacio en el que la vista encuentra dilatado el horizonte. Así fue como este mismo mirador en el que hoy nos encontramos, uno de los Conjuntos Histórico-Artísticos más importantes de la provincia, vio cómo el Imperio Romano lo convertía en un importante enclave, directamente relacionado con la Conquista. primero fue un campamento; más tarde, un importante enlace en medio de la vía entre Caesaraugusta (Zaragoza) y Emérita Augusta, la actual Mérida. la ocupación romana dejó bellas herencias polícromas en algunas calles y en especial en la Plaza mayor, donde fue hallado un mosaico de grandes dimensiones, parte del cual se conserva en el Palacio Ducal de la villa.
Pero aquella Occilis romana volvería a la escena de las civilizaciones, las batallas y las estrategias de manos árabes, que desde el primer momento aprovecharon el emplazamiento. la rebautizarían como Medina-Occilis (Ciudad de la Mesa), al tiempo que la transformaban en una poderosa plaza que Abderramán III fortificó, repobló y convirtió en la capital de la Marca Media. En ella se cree que duerme el sueño eterno el legendario Almanzor, después de su camino agonizante desde Calatañazor a Bordecorex, donde encontraría su muerte. Una mezcla de historia y leyenda dice que su hijo fue a buscar su cuerpo para enterrarlo en el cuarto cerrillo.
tras la desaparición del más poderoso caudillo de la españa musulmana, el poder cristiano se extendería por toda la línea del Duero, y una obligación impuesta a la ciudad de pagar tributo la convertiría una vez más en escenario de batallas entre los reinos cristianos. El pasado de la villa -ese pasado superpuesto entre los estratos del suelo y del tiempo- continúa por los vericuetos de los siglos hasta un Fuero, la posterior creación del Condado de medinaceli y su elevación definitiva a Ducado por los Reyes Católicos.
Junto a ellos, a caballo entre la historia y la leyenda -que también construye memorias poderosas- la fígura del Cid. El mítico caballero tiene en medinaceli un recuerdo doble: por un lado, un Cantar que alude en varias ocasiones a la villa; por otro, el posible origen de uno de los dos juglares que escribieran el Poema, tesis defendida por un Menéndez pidal que siguió la pista del campeador, "jinete como él, aunque a lomos de mula que no de Babieca".
...Era un día de lluvia (¿recuerdan?). hubo una licencia en primera persona para empezar a contar la villa. Un acercamiento de saludo a este lugar intenso. Una bienvenida y una puerta ancha de manos de un poeta que cantó a Soria y su provincia...esa entrada que encontramos al llegar y de la que nada dijimos, esperando antes a contar la historia en varios tiempos de la bella medina, que hunde sus raíces en la celtiberia. la puerta ancha de Gerardo Diego no era sino el arco romano de triple arcada, único en España, que aporta símbolo y exclusividad a esta ciudad hermosa y del cielo.
Tras ella, ojo triple que domina el valle, una villa para patear sin cansarse por las sinuosas, irregulares calles alrededor de la plaza castellana. En ellas perduran los restos más antiguos del trazado urbano, de época árabe: callejuelas a las que se asoman las casonas nobles y los blasones, el Palacio del Marqués de Casablanca , los múltiples testigos en sillería de os siglos XV al XVII que tienden trampas -de seducción- a la vista. y la Plaza mayor descansando sobre el antiguo foro romano, sus soportales bajo los que se cobijan galerías de Arte, restaurantes y el Aula Arqueológica de medina, el Palacio Ducal y la Alhóndiga de doble arquería.
El consejo es callejear, ir colándose por los hechizos de la villa -o ellos por uno- al tiempo que se descubre una muralla que ya rodeaba la ciudad en época celtíbera y de la que se conservan algunos destellos romanos junto al arco; los tramos medievales levantados bajo el dominio musulmán; la Puerta Árabe; el castillo que, reconstruido casi completamente y sin conservar apenas restos de la primitiva fortaleza árabe, fue residencia de los Duques de la medinaceli; la Colegiata del XVI edificada sobre la iglesia románica de Santa María La Mayor, su única nave a la que se sumarían varias capillas de gótico tardío, la cripta románica, la rejería gótica, el altar barroco, la talla del Cristo de Medinaceli, el órgano del XVIII...Y seguir, llegarse hasta el Convento de Santa Isabel, donde las Monjas Clarisas sustituyeron la elaboración de alfombras por la repostería con recetas que sirven para ayudar a las Hermanas de la capital. cercarse hasta el Beaterio de San Román, ese extraño edificio rectangular al que se otorga un origen no cristiano, quizá mezquita o sinagoga de la notable comunidad hebrea que tuvo asiento en Medinaceli...Yque le cuenten. Que le hablen los medineneses de su fiesta y de su rito. Esa noche en la que la plaza de la villa brilla el fin de semana más cercano al 13 de noviembre. no le sorprenda que se emocionen. Hablan de su Toro Jubilo como si lo estuvieran viendo: la fiesta que encuentra sus orígenes en aquellos antepasados celtíberos que tuvo Occilis. Y después, si la hora lo aconseja -intente que sea así- podrá descansar un rato en alguno de los restaurantes que jalonan la villa, frente a un cocido de la tierra y un buen asado. Si es febrero o marzo podrá disfrutar de las Jornadas Gastronómicas que cada año dedica al cordero uno de los restaurantes de la villa.
Excursiones
La villa medinense da pie a numerosas excursiones, en una suerte de mosaico que brinda tramos de calzada romana y románico (el pueblo de Romanillos tiene de ambos, además de fuente romana, tumbas antropomorfas medievales y colección etnográfica) y leyenda fuertemente arraigada: en Barahona vivieron las brujas.
Pero la excursión ineludible se adentra en el yacimiento del Paleolítico Inferior más importante de la Península. Está a unos quince kilómetros de Medinaceli, y desde que el Marqués de Cerralbo iniciara las excavaciones a principios de siglo, el cementerio prehistórico de Torralba y Ambrona ha sacado a la luz restos fosilizados de uros, caballos y lobos, así como huesos de elefantes de hace 300.000 años -algunos con defensas de más de tres metros- que podrá ver en el museo de Ambrona junto a herramientas de piedra utilizadas para la caza.
Más allá y siguiendo la carretera que nos aleja hacia Arcos de Jalón, un pueblo rojo abandona la tierra blanca y el horizonte ancho. Los colores se han vuelto más vivos tras la lluvia que ha limpiado este mundo de cerros desgastados. La aridez castellana da paso a perales y almendros regados por un Jalón que lame las huertas. Se llama Somaén, y es burgo fronterizo del antiguo Ducado de Medinaceli.
Y seguimos, carretera y mapa, entre los castillos y la fisonomía medieval de esta tierra de tránsito. A eso huelen las calles rojas y blancas de Arcos de Jalón: a arquitectura de influencia mañan y esencias a caballo entre Aragón y Castilla para formar una población en la que los restos del castillo dan noticia de los tiempos de Pedro I el Cruel. Desde él, calles estrechas y empinadas se agazapan en sus traseras y dan otra imagen de esta localidad con fuerte pasado ferroviario, dividida en dos mitades por el Jalón y en la que una igleisa del XVII vuelve a poner influencias aragonesas en la franja de límite.
la carretera estrecha que parte de Arcos hasta Iruecha devolverá al viajero el sabor de la piedra y los silencios. Un pastor con manta y cayado se perfila en el horizonte de sabinar y encina. El mundo se para por unos instantes en medio de la carretra sin tráfico. Secularmente apartada y solitaria, esta zona parece haber detenido los relojes entre los tendales y los arroyos, al tiempo que una hermosura extraña perfila sus casas de piedra y su despoblación imparable. Al llegar a Chaorna, la belleza se viene de golpe en las casas y las fuentes, en las cuevas que hicieron de tainas para guardar el ganado, en las rocas calizas que anillan la aldea chiquita, en los restos de arquitectura militar medieval sobre el caserío, en las cascadas que ponen fertilidad al entorno adusto. Y más piedra y menos prisa. Y más silencio y menos ruido...Pero si es agosto, doce para más señas, encontrará al pueblo vestido de fiesta: en Chaorna reviven la siega para engañar a la nostalgia con gentes vestidas de una época de jornales de sol a sol que le recibirán en las eras con trilladora y máquina de aventar.
La carretera, que sigue angosta y solitaria, le llevará por bellezas de puta tierra hasta Judes y su laguna. Más tarde, entre la masa verde de la tierra de Soliedra, Iruecha dará su saludo de piedra rodeada de sabina, encina, pino, roble y olores de tomillo y espliego. De nuevo en Arcos, la autovía de Aragón sigue el curso del Jalón perpetuando su carácter de vía de paso. Un desvío a la derecha deja a un lado Montuenga de Soria, donde se vuelven a intuir los restos de otra fortaleza de esta tierra de castillos. más tarde, una población surgida en torno a un monasterios hace de vestíbulo de entrada a uno de los ejemplares más destacados de la Orden del Císter, el Monasterio de Santa María de Huerta.
...La carretera.
Dieciséis kilómetros por tierras de antigua frontera castellana nos separan Monteagudo de las Vicarías. Antes de él, un desvío señaliza el pequeño pueblo de Almaluez, donde aguarda un tesoro con forma de iglesia y factura del XVI. Es Santa María Magdalena, de estilo gótico renaciente con torre a los pies y cuerpo de campanas barroco, cuyo interior aporta bellezas de madera policromada y dorada en el impresionante baldaquino del XVIII. Vigilado por las gigantesacas columnas salomónicas y la techumbre de media naranja, se trata de un ejemplar único en Castilla y león, que el viajero podrá inspeccionar por la parte trasera gracias al pasillo al fondo del ábside.
Volveremos a la carretera de Monteagudo, que asomará asentado sobre una muela y rodeado de murallas. En él soplan vientos del cerano Aragón. Es sólido, rojizo y centro histórico de guerras y pactos entre los dos reinos limítrofes. Es la plaza fuerte a la que Alfonso X diera el fuero de Soria, el punto donde se entrevistaron Sancho de Castilla y Jaime de Aragón para concertar un pacto de unión conyugal y política. El pueblo donado al mercenario Dugesclín como recompensa por su ayuda a Enrique II en la traición de Montieldonde murió Pedro el Cruel. La villa que pronto volvería a la corona y que acabó perteneciendo los Hurtado Mendoza.
Su carácter defensivo lo convirtió en pueblo-fortaleza, como todavía testimonia su lienzo amurallado en el que se abre la puerta almenada de Las Heras. Dentro del recinto, un destacado conjunto histórico-artístico se hace palpable en el Castillo-Palacio del siglo XV con planta pentagonal y flanqueado por dos torres de ocho lados. Su iglesia, de principios del XVI, tiene acceso por una portada gótica, mientras un frente de arquerías renacentistas muestra claras influencias de la escuela aragonesa. Su interior brinda interesantes retablos y un púlpito plateresco, generosamente decorado, pone al conjunto su nota de estética mudéjar.
De regreso a Soria, y si no quiere el viajero volver a Santa María, veinte kilómetros por tierras de la Recompensa le llevarán a Morón de Almazán, aquella plaza hermosa que en otra ruta, cuando arribamos a la comarca adnamantina, vivían en un Palacio los reyes de un cuento. Pero esa, y con la frase hay una invitación, es otra historia...
    TIERRA DE ÁGREDA
    TIERRAS ALTAS
    TIERRA DEL VALLE
    LA SORIA VERDE
    SENDERO IBÉRICO SORIANO
    CAMINO DEL CID
 
NUEVA RUTA
  LA CELTIBERIA SORIANA
Todas estas rutas forman parte de la amplia oferta del Patronato Provincial de Turismo de Soria. Los contenidos y las imágenes de cada uno de los recorridos han sido facilitados a valonsadero.com por el propio Patronato. Los textos son obra de Susana Gómez Redondo, y las fotografías perteneces al archivo del Patronato de Turismo, Fernando antiago, Lourdes Lezcano, Félix Lozano, Alejandro Plaza, Valentín Guisande, Manuel Caloto y Paco Lucas.
 
 

 

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