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| ¿Que
conoces de nuestra provincia? Compruébalo
en este crucigrama. |
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SORIA:
RUTA DE LOS POETAS
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RUTA
DE LA MEDITACIÓN
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| RUTA
DE LA MEDITACIÓN |
Recorrido
a pie. Tres horas.
El punto de partida, la plaza de San Esteban, será
fácil de encontrar próximo a El Collado,
centro neurálgico de soportal y pequeño
comercio por donde caminan, compran y pasean de arriba
a abajo los sorianos (en él se encuentra, bajo
uno de sus porches, el Casino al que Machado dedicara
poema y cafés). Así, y con el plano en la
mano, un círculo de atención inexcusable
marcará la iglesia de San Juan de Rabanera, hermoso
templo declarado Monumento Nacional. |
No
le defraudará Soria la Románica con esta
obertura de influencias orientales, recuerdos clásicos
y tanteos ojivales, donde habrá de tomarse tiempo
para admirar el ábside y la hermosa portada de
poniente, que perteneció a la iglesia de San Nicolás,
hoy en ruinas en la calle Real. A la derecha, las estatuas
de la Diputación vigilan su exploración.
Son sorianos ilustres que la ciudad esculpió en
bronce y memoria.
Si
habla con algún soriano sobre esa mancha verde
que ve en el centro de su plano bajo el nombre de Alameda
de Cervantes, llámela La Dehesa. Así es
como aquí se conoce este corazón verde de
la ciudad, un extenso y cuidado parque que tras la verja
le ofrecerá paseo, banco, terraza y corros de gente
en los flancos. Los hombres están jugando a la
tanguilla. Las mujeres, a los bolos. En ella, donde se
dan cita más de ochenta especies vegetales, lléguese
hasta la ermita de La Soledad. La talla del Cristo del
Humilladero, en la capilla traslateral, es del siglo XVI
y se atribuye a Juan de Juni. Si es usted religioso, quizá
quiera rezarles una oración a las almas que descansan
en el pórtico de arquería triple. Sus losas,
y aunque pocos sorianos lo sepan, hacen de fosa común
a los reos ajusticiados en la ciudad medieval. Los cuerpos
de los ajusticiados eran recogidos al anochecer por los
miembros de la Cofradía de la Veracruz, quienes
en medio de la oscuridad les daban cristiana sepultura
ante el pequeño templo.
Junto a la ermita, un castaño de flor rosada ocupa
el espacio que tuvo el Árbol de la Música.
El quiosco vegetal por el que subía para tocar
la Banda Municipal de Música murió de grafiosis,
y ahora la ciudad espera a que el nuevo ejemplar ensanche
la memoria de un olmo repartida en pedazos que se hicieron
llaveros y nostalgia. Atraviese los paseos. Acérquese
hasta la rosaleda y la explanada verde del alto de la
Dehesa. Si es primavera, los tulipanes y las rosas le
habrán brindado un cuadro saturado de vivo impresionismo.
En
el Espolón, el paseo que flanquea por la derecha
a la Alameda, un número en el plano le señalará
un lugar a media altura. Es el Museo Numantino, donde
podrá obtener una minuciosa visión de las
etapas que ha vivido la provincia, desde los hallazgos
paleolíticos de Ambrona hasta la época moderna.
Y de nuevo en dirección hacia El Collado, se cruzará
con la plaza de Ramón Benito Aceña. Si pregunta
por ella, quizá encuentre a alguien que dude levemente.
Y es que, de nuevo, los sorianos se empeñan en
conservar el nombre antiguo de Herradores. Espacio hoy
para el cañeo y los pinchos, en ella vivieron los
hermanos Bécquer, y Gustavo Adolfo sufrió
el dolor del adulterio de su esposa con un forajido.
Más allá, y siguiendo el plano, una estrecha
calle aparece a la izquierda en esta ruta bautizada de
la meditación. Tome aliento y suba. Puertas de
Pro le brindará edificios adosados a las murallas
de la ciudad, pespunteados con restos del antiguo recinto.
Y vaya, papel en mano, tras las flechas que le llevan
a la derecha hasta el magnífico rosetón
que le vigila desde una bellísima portada románica.
Es el horóscopo vidriado de los versos de Gerardo
Diego, el ojo de cíclope que asistirá a
ésta su segunda cita con un Monumento Nacional
y con el estilo por definición de la provincia.
La Iglesia de Santo Domingo bien merece entretenerse:
se encuentra ante una portada designada por los críticos
como una de las más completas, unitarias y equilibradas
de la geografía peninsular. De tímpano y
arquivolta, los bellos festones arquitectónicos
retratan con tierna minuciosidad pasajes del Nuevo y Antiguo
Testamento, en una composición rematada por dos
estatuas (podrían ser Don Alfonso y Doña
Leonor) que añaden su armonía de dosel al
conjunto con influencias de Poitiers. Vuelva a entrar
a un estómago románico. Quizá escuche
la música sacra del convento anejo de las Clarisas
(por cierto, las Hermanas cocinan y venden pastas de sabores
casi divinos).
Más
tarde, cuando pueda y la atracción serena del templo
le permita marchar, enfile hacia el Instituto Antonio
Machado, donde aún se conserva un aula tal y como
la encontró el poeta. Allí impartió
sus clases de francés el sevillano, cuyo busto
preside la fachada barroca del que en tiempos fuera un
antiguo colegio de Jesuitas. Si es tiempo de clases o
matrículas, podrá traspasar el umbral y
rodear el claustro que alberga en el interior. Desde él,
con algo de Machado en la memoria callejera, la calle
Aduana Vieja baja hacia la plaza de San Clemente (el Tubo
la llaman), entre arquitectura noble de escudo y balconada.
Está llegando a la plaza de cañeo cuando
una ventana de esquina le hará su guiño
dividido. Ha dado con otro Monumento Nacional: el Palacio
de los Ríos y Salcedo, de factura renacentista
y hoy Archivo Histórico Provincial, tiene partida
de nacimiento del XVI, y bellos escudos guardan su puerta.
De nuevo en El Collado, y si son horas de ajetreo o paseo,
verá que los sorianos han llegado a un acuerdo
tácito. Normalmente se camina por la derecha, y
así se sortea mejor el tráfico peatonal
de la calle de los comercios. Insistimos, siga su plano,
atraviese la plaza de los Doce Linajes de Soria y... un
nuevo Monumento Nacional le saluda desde su equilibrio
renacentista. El Palacio de los Condes de Gómara,
hoy Audiencia Provincial y joya por definición
de la arquitectura civil soriana, se levanta altivo sobre
el caserío. Mientras deja a su hermosa y sólida
torre vigilar por los cuatro costados la ciudad castellana,
callejee un poco hasta llegar a la plaza Mayor.
Intuirá
brevemente una calle de la Zapatería -que aún
conserva antiguas casonas y palacios- antes de atravesar
un Arco del Cuerno por el que entraban y salían
los toros cuando la plaza aún hacía de coso.
El edificio de enfrente es del XVII, se llama de los Doce
Linajes y es el Ayuntamiento de la capital. A su lado,
el antiguo Consistorio, hoy Centro Cultural, quizá
toque la una (si es así, acuérdese de Machado:
es el reloj de la Audiencia). La torre del rincón
es la de Doña Urraca y la iglesia de arquivolta
vegetal a sus espaldas, la Mayor, donde Don Antonio desposó
a Leonor en una unión -ella tenía dieciséis
años, él treinta y dos y además era
masón y republicano- que escandalizó a la
conservadora sociedad soriana de principios de siglo.
Tómese vino y pincho a su salud. En la plaza encontrará
dónde beber y comer bien. |
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Todas
estas rutas forman parte de la amplia oferta del Patronato
Provincial de Turismo de Soria. Los contenidos y las
imágenes de cada uno de los recorridos han sido
facilitados a valonsadero.com por el propio Patronato.
Los textos son obra de Susana Gómez Redondo,
y las fotografías perteneces al archivo del Patronato
de Turismo, Fernando Santiago, Lourdes Lezcano, Félix
Lozano, Alejandro Plaza, Valentín Guisande, Manuel
Caloto y Paco Lucas.
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