10:16, 21-11-2008
 
 
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RIBERA DEL DUERO

SAN ESTEBAN DE GORMAZ
San Esteban de Gormaz recibe con el olor húmedo y orillado del Duero. Es villa declarada Conjunto Histórico-Artístico y un fuerte aroma a Medievo se desprende de sus calles entrelazadas por los restos del lienzo amurallado. Es el corazón de la comarca. La fortaleza estratégica que jugara un papel fundamental en aquél tira y afloja entre árabes y cristianos. La cuna del románico soriano. La ciudad regada por el Duero que hoy recoge la uva de la comarca en las Bodegas Gormaz y da salida a caldos con Denominación de Origen. Tiene, como casi todo en esta tierra de pasado largo, un tiempo extenso a sus espaldas, cosido por las manos de diferentes culturas y épocas.
Sobre la ladera en la que creció San Esteban de Gormaz se han anudado grabados rupestres en la Cueva de las Salinas, muestras celtíbero-romanas -entre ellas una treintena de inscripciones latinas y tres fragmentos de un relieve militar imperial-, y un enclave en la lucha castellana y musulmana que la convirtió en Puerta de Castilla soberbia e imprescindible. Dos castillos y una fortaleza amurallada dominan aquel tiempo en el que la frontera estuvo aquí, antes de que el límite se alejara y el Cid caminara su Destierro por los caminos sorianos. Fue en ese mismo siglo XI, después de varios siglos de sangrientas y continuas luchas, cuando los cristianos ocuparon definitivamente esta plaza que había pasado de unas manos a otras bajo la atenta mirada de la fortaleza árabe.
La zona, que conocía así después de mucho tiempo la paz, experimentó una etapa de convivencia entre los grupos mozárabes y musulmanes asentados, a los que se vinieron a sumar los repobladores llegados de otras geografías. Comienza entonces una época de construcción cristiana, que encontrará en el románico su máxima expresión: de San Miguel, cuna del románico soriano e insustituible joya arquitectónica, a una Santa María del Rivero empeñada en demostrar el triunfo de la cristiandad sobre el infiel sarraceno. Así lo muestran sus capiteles, una suerte de baile de elementos típicos de la ornamentación musulmana, con danzarinas desnudas, elefantes, pavos reales, monstruos, un hombre desnudo con turbante que se agarra las colas de pescado en que se han convertido sus extremidades inferiores... Mientras, en su interior, donde fue hallado el almaizar de Hisam II -hoy en la Real Academia de la Historia- las pinturas del ábside dibujan el Pantocrátor, y un coro con artesonado morisco fechas del XVI. Quizá quiera entretenerse el viajero en descifrar la inscripción del sepulcro de Vidas de Pascual: sus armas, al decir de la piedra, lidiaron solas contra el sarraceno mientras él escuchaba misa en el templo en el que hoy nos encontramos.
Otra cuna: el Cantar del Mío Cid.
Sede de distintos monasterios -entre ellos el primero de las Dominicas de la península y el de San Esteban-, la localidad podría haber sido la cuna de uno de los juglares que escribieron el Cantar del Mío Cid, a juzgar por las tesis encabezadas por Ramón Menéndez Pidal. Esta teoría vendría a explicar, además del amplio conocimiento que el Poema anónimo demuestra de la toponimia local, lo bien parada que sale la localidad por la que pasara el Campeador y posada de sus hijas tras sufrir la Afrenta de Corpes.
San Esteban fue ciudad de importancia -no sólo estratégica- durante siglos, lo que la convirtió en cabeza de la Comunidad de la Villa y Tierra de su nombre, siendo el puente sobre el Duero, de base romana, el enlace con la zona sur. Patrimonio de reinas e infantes, cambió muchas veces de dueño, y llegó a medrar tanto que en el siglo XIII tenía tantas almas como a principios del XXI. Pero también pagó el precio de ver sus murallas, defensas, casas fuertes... ir menguando, hasta que hoy sólo resten de la fortaleza sanestebeña algunos lienzos y construcciones de aquel codiciado Castillo fronterizo: son jirones repartidos por sus calles y rincones, que permiten al viajero hacerse una idea de lo que fue esta Puerta de Castilla para la estrategia medieval.
Pero antes de alejarnos definitivamente del corazón ribereño, paseemos por sus calles en cuesta, su plaza Mayor, el surtido de bares y tabernas que atenúan el camino, el parque El Sotillo, el complejo turístico y recreativo con piscinas... Y despidámonos -qué mejor forma de hacerlo- con un buen vaso de vino a la salud de esta localidad salpicada de bodegas excavadas en la roca, tierra del rosado joven que podremos comprar en la cooperativa vinícola, surtido de fuentes y huertas, enclave de feria agropecuaria y ganadera en septiembre y noviembre, criadero de cangrejos, villa BIC que recupera retazos medievales desde hace unos años en su Mercado de agosto... Puerta de entrada, salida, parada y fonda para esta Ribera por la que viajamos.
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NUEVA RUTA
  LA CELTIBERIA SORIANA
Todas estas rutas forman parte de la amplia oferta del Patronato Provincial de Turismo de Soria. Los contenidos y las imágenes de cada uno de los recorridos han sido facilitados a valonsadero.com por el propio Patronato. Los textos son obra de Susana Gómez Redondo, y las fotografías perteneces al archivo del Patronato de Turismo, Fernando Santiago, Lourdes Lezcano, Félix Lozano, Alejandro Plaza, Valentín Guisande, Manuel Caloto y Paco Lucas.
 
 

 

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