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| ¿Que
conoces de nuestra provincia? Compruébalo
en este crucigrama. |
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| SAN
ESTEBAN DE GORMAZ |
San
Esteban de Gormaz recibe con el olor húmedo y orillado
del Duero. Es villa declarada Conjunto Histórico-Artístico
y un fuerte aroma a Medievo se desprende de sus calles
entrelazadas por los restos del lienzo amurallado. Es
el corazón de la comarca. La fortaleza estratégica
que jugara un papel fundamental en aquél tira y
afloja entre árabes y cristianos. La cuna del románico
soriano. La ciudad regada por el Duero que hoy recoge
la uva de la comarca en las Bodegas Gormaz y da salida
a caldos con Denominación de Origen. Tiene, como
casi todo en esta tierra de pasado largo, un tiempo extenso
a sus espaldas, cosido por las manos de diferentes culturas
y épocas.
Sobre la ladera en la que creció San Esteban de
Gormaz se han anudado grabados rupestres en la Cueva de
las Salinas, muestras celtíbero-romanas -entre
ellas una treintena de inscripciones latinas y tres fragmentos
de un relieve militar imperial-, y un enclave en la lucha
castellana y musulmana que la convirtió en Puerta
de Castilla soberbia e imprescindible. Dos castillos y
una fortaleza amurallada dominan aquel tiempo en el que
la frontera estuvo aquí, antes de que el límite
se alejara y el Cid caminara su Destierro por los caminos
sorianos. Fue en ese mismo siglo XI, después de
varios siglos de sangrientas y continuas luchas, cuando
los cristianos ocuparon definitivamente esta plaza que
había pasado de unas manos a otras bajo la atenta
mirada de la fortaleza árabe.
La zona, que conocía así después
de mucho tiempo la paz, experimentó una etapa de
convivencia entre los grupos mozárabes y musulmanes
asentados, a los que se vinieron a sumar los repobladores
llegados de otras geografías. Comienza entonces
una época de construcción cristiana, que
encontrará en el románico su máxima
expresión: de San Miguel, cuna del románico
soriano e insustituible joya arquitectónica, a
una Santa María del Rivero empeñada en demostrar
el triunfo de la cristiandad sobre el infiel sarraceno.
Así lo muestran sus capiteles, una suerte de baile
de elementos típicos de la ornamentación
musulmana, con danzarinas desnudas, elefantes, pavos reales,
monstruos, un hombre desnudo con turbante que se agarra
las colas de pescado en que se han convertido sus extremidades
inferiores... Mientras, en su interior, donde fue hallado
el almaizar de Hisam II -hoy en la Real Academia de la
Historia- las pinturas del ábside dibujan el Pantocrátor,
y un coro con artesonado morisco fechas del XVI. Quizá
quiera entretenerse el viajero en descifrar la inscripción
del sepulcro de Vidas de Pascual: sus armas, al decir
de la piedra, lidiaron solas contra el sarraceno mientras
él escuchaba misa en el templo en el que hoy nos
encontramos.
Otra cuna: el Cantar del Mío Cid.
Sede de distintos monasterios -entre ellos el primero
de las Dominicas de la península y el de San Esteban-,
la localidad podría haber sido la cuna de uno de
los juglares que escribieron el Cantar del Mío
Cid, a juzgar por las tesis encabezadas por Ramón
Menéndez Pidal. Esta teoría vendría
a explicar, además del amplio conocimiento que
el Poema anónimo demuestra de la toponimia local,
lo bien parada que sale la localidad por la que pasara
el Campeador y posada de sus hijas tras sufrir la Afrenta
de Corpes.
San Esteban fue ciudad de importancia -no sólo
estratégica- durante siglos, lo que la convirtió
en cabeza de la Comunidad de la Villa y Tierra de su nombre,
siendo el puente sobre el Duero, de base romana, el enlace
con la zona sur. Patrimonio de reinas e infantes, cambió
muchas veces de dueño, y llegó a medrar
tanto que en el siglo XIII tenía tantas almas como
a principios del XXI. Pero también pagó
el precio de ver sus murallas, defensas, casas fuertes...
ir menguando, hasta que hoy sólo resten de la fortaleza
sanestebeña algunos lienzos y construcciones de
aquel codiciado Castillo fronterizo: son jirones repartidos
por sus calles y rincones, que permiten al viajero hacerse
una idea de lo que fue esta Puerta de Castilla para la
estrategia medieval.
Pero antes de alejarnos definitivamente del corazón
ribereño, paseemos por sus calles en cuesta, su
plaza Mayor, el surtido de bares y tabernas que atenúan
el camino, el parque El Sotillo, el complejo turístico
y recreativo con piscinas... Y despidámonos -qué
mejor forma de hacerlo- con un buen vaso de vino a la
salud de esta localidad salpicada de bodegas excavadas
en la roca, tierra del rosado joven que podremos comprar
en la cooperativa vinícola, surtido de fuentes
y huertas, enclave de feria agropecuaria y ganadera en
septiembre y noviembre, criadero de cangrejos, villa BIC
que recupera retazos medievales desde hace unos años
en su Mercado de agosto... Puerta de entrada, salida,
parada y fonda para esta Ribera por la que viajamos. |
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Todas
estas rutas forman parte de la amplia oferta del
Patronato Provincial de Turismo de Soria. Los
contenidos y las imágenes de cada uno de
los recorridos han sido facilitados a valonsadero.com
por el propio Patronato. Los textos son obra de
Susana Gómez Redondo, y las fotografías
perteneces al archivo del Patronato de Turismo,
Fernando Santiago, Lourdes Lezcano, Félix
Lozano, Alejandro Plaza, Valentín Guisande,
Manuel Caloto y Paco Lucas.
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