21:37, 07-10-2008
 
 
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¿Que conoces de nuestra provincia? Compruébalo en este crucigrama.
 


LA SORIA VERDE

EL COLOR PERENNE

A Soria la quisieron -y la hicieron- verde: intenso de pinar y oscuro de musgo; tardío de roble; entretenido de tierra espléndida en los caminos y los pueblos. La tiñeron de los colores perennes: verdes anchos y verdes tierra; verdes de poemas nacidos del amor a Machado y Gerardo Diego; azules de un embalse que casi olvidó su nacimiento de artificio para hacerse playa y paisaje espontáneo. negros de laguna y leyenda en tierras de Alvargonzález. Y blanco de nieve. Y rojo de teja. Y un cierto dorado de roble y de otoño. El ocre es de pueblo serrano, puente y pasaderas...
Al viajero le espera una de las comarcas más hermosas y turísticas de la geografía soriana. En ella averiguará rincones de naturaleza exhultante y arquitectura sólida. Un escenario que derrocha estética para mirar, tocar, vivir en fin. El itinerario de la esquina noroeste de la provincia abre la mirada y la entraña: un pasiaje imprevisibe que arrastra por las sensaciones anchas. Esta tierra es intensa. El viaje también.
Nuestra ruta empieza por la carretera que parte de Soria a Burgos, con el monte Valonsadero a un lado y el imponente Pico Frentes, faro terrestre en medio del llano, al otro. A sus faldas, cerca de la cascada de Fuentetoba, se abren vías que son una suerte de escuela para la escalada. La Sierra de Cabrejas acompaña con su perfil de cresta el camino. Ocenilla empieza y sigue en piedra a sus pies, y la historia cuenta arriba, allí donde los buitres leonados sobevuelan sus dominos, los restos de un poblado celtíbero fortificado que luego ocuparon romanos y visigodos.  
Paralela a la sierra, la carretera lleva hasta Cidones, en cuya Venta, célebre de poemas y condumio, descansó Machado antes de emprender su Ruta de Alvargonzález. Es pueblo de buen horno y mejor pan, de monte -verde- de rebollo con huellas de conejos, corzos, ciervos y jabalíes. De chalets mezclados con el sabor antiguo de la piedra y las casas de los indianos. Puerta hacia Vinuesa, supone el punto de partida de una carretera que entre risco, roble y brezal, coquetea serpenteando con el embalse de la Cuerda del Pozo. Se precipita el camino en curvas y laderas, mientras el verano se sucede en el pantano entre baños, merienda, arena fina de playa o roca abierta. El agua deja ver restos de un pueblo que quedó sepultado, y en cuyo nombre se han quedado prendidos -cómo no en esta provincia de fantasías a flor de tierra y agua- epiques de campanas de una torre sumergida. La chimena de la ferrería hace lo propio desde su verticalidad de ladrillo, y en las épocas de sequía, cuando el suelo agitado se deja ver allí donde casi siempre está el pantano, las calles de La Muedra aparecen al fondo, no se sabe si fantasmales o serenas entre su camposanto y sus ruinas.
Apenas media docena de kilómetros nos separan de la señorial Vinuesa. Es rica, hermosa, tradicional y noble.
Desde Vinuesa, la carretera que va a Montenegro de Cameros es la misma que se interna por venas de agua y pinar inmenso hasta la Laguna Negra, en el epicentro de las Tierras de Alvargonzález. El camino a pie, impresionante de paisaje, se puede hacer haciendo una variante del Sendero de Gran Recorrido (GR 86) que llega hasta el caserío de Santa Inés; a la derecha, el bello Quintanarejo se traspasa de la naturaleza salvaje que vino a habitar este pedazo verde de tierra. Todo el valle del Revinuesa forma una puesta en escena de orografía montaraz, fresca de savia y transparente de escorrentía.
En cualquier caso, la ascensión no defraudará retina y sensaciones. Para la excursión en coche, una pista a la izquierda señala el camino que lleva hasta la Laguna Negra. Dos kilómetros antes de llegar, un espacio sirve de aparcamiento e indica el fin del ascenso a los vehículos, prometiendo un agradable paseo hasta el circo glaciar. En verano y en Semana Santa, un autobús de ida y vuelta transporta a los viajeros menos andarines, si bien el consejo es procurar que sean las piernas las que nos llevan por la fácil senda que van tomando las hayas y los ocasionales tejos y serbales. la pista, hoy cortada al tráfico, sigue por la izquierda la garganta del torrente que nace en la Laguna. Quizá encuentra algún hormiguero grande entre el paisaje de pedrizas desplomadas. Una pradera de grandes pinos y hayas será la antesala del destino glaciar. Tras la morrera que la oculta, aguas oscuras que tradicionalemnte han rozado lo sagrado ejercen la misma fascinación que desde siempre se apoderó de las voces y las gentes.
Desde ella, siguiendo la senda empinada que salva los farallones por el sur, la áspera montaña nos recibe en término ya de covaleda. En invierno, un cielo nublado se extiende sobre los prados y las pedrizas. En primavera, el paisaje húmedo acoge blandamente el deshielo, inundando el suelo de regueros de agua de flores y montaña. Para llegar al Pico de Urbión basta con seguir el sendero que serpentea por las laderas pedregosas, donde a mitad de camino se abre otra de las lagunas que por aquí descansan: es la Helada, que junto a la Larga, la Verde y la de Urbión, viste a la montaña de fantasías a la sobra de la Negra. Al final del ascenso, un Duero chico, recién venido al mundo, salta entre las rocas sin intuir apenas que más tarde se hará río sereno, ancho, profndo.
La carretera que dejamos para ascender a la mítica laguna continúa atravesando pinos altos y extensos hasta el puerto de Santa Inés. Más allá, un pueblo de piedra llena se ajusta a la orografía empinada y hermosa. Es Montenegro de Cameros, límite de castilla con La Rioja, y de sus gentes dicen que tienen mucho de ésta y no menos de aquélla, así como el paisaje, hecho de acebos y hayas, avellanos, serbales, robles, castaños... Es un escenario al que no se podrá resistir: vacas en los montes y una aldea con arquitectura de buena sillería donde la niebla se cuela por entre las casonas con regusto a Mesta. Las puertas de arco y los ocasionales blasones configuran la fisonomía del pueblo, mientras picos elevados lo anillan de verde intenso y aire purísimo. De las siete ermitas que un día tuvo la villa, sólo permanece en pie San Mamés, cuya declaración como Monumento histórico Artístico puso fin a su uso como majada, y en la que un románico recogido se decora con frescos que recuerdan a la escuela catalana. En el barrio de arriba, donde el sol se vuelca y el monte se hace telón omnipresente, la iglesia gótica guarda talla de la Virgen del XIII, saludando a la tierra de Cameros de la que forma parte.
Y regresamos por donde hemos venido. Los ojos, llenos de verde, aún han de dejar espacio para el bosque y la piedra de la tierra de Pinares. Pueblos y paisajes nos esperan inundados de ambos.
Muy cerca del Pantano de la Cuerda del Pozo, Molinos de Duero vive acunado por las aguas del río Miño.
En Salduero, que comparte con su vecino encantos, paisaje y senderos, separado por una breve caminata su proximidad casi íntima. Comuneras son sus ermitas y sus tierras, así como el pasado único de un pueblo escindido en el XVIII. Atravesados por el mismo cauce, ambos se miran frente a frente amparados por pinos, robles y praderas. Hay cosas que hubo de quedarse uno solo, como la antigua ermita, que ahora es iglesia parroquial de Molinos en una plaza en la que se dan cita frontón -también de piedra-, hostales y casonas.
Tras el paseo suave de ermita y prado, Salduero continúa la estética iniciada: piedra rebosante de serena belleza y digna localidad de esta tierra que reverdea en Soria. Seguimos en zona carretera y, Salduero, aunque en menor medida que Molinos, también despuntó a la cabeza de recuas y ganado, conservando asimismo su rastro de cantería y blasón en la arquitectura pinariega. Callejee y lléguese hasta la plaza, donde puente e iglesia del XVIII le darán su bienvenida bella, disfrute del hermoso puente medieval sobre el río, el monte jugoso, la piedra noble... Y déjelo atrás, en busca de los paisajes con que le obsequiará Covaleda.
Y continuamos por esas carreteras del dios de los pinares y de Urbión hasta Duruelo de la Sierra, allí donde lleva el río reciente su travesura cristalina. Seguimos por el verde intenso y la naturaleza vehemente, La montaña llena de espacio y hace suyo el entorno de excepción. En el término de este pueblo industrial con varias cooperativas madereras, la sierra desperdiga su belleza abundante, entre las que se alza al mundo hacho de viento y entrañas esculturas naturales llamadas Castroviejo. El viaje vuela aquí en excursiones de altura. Las excursiones derraman sus bellezas de altura por todo el municipio.
Urbión vigila la población con la vista fija en la localidad fundada por los duracos, se entretiene en la necrópolis medieval, se dispersa en la historia superpuesta de un templo con orígenes prerrománicos y una evolución de signos que empieza en el X y concluye en el XVII…
El verde de la sierra trae aires de cumbre y agua…

 
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    TIERRA DEL VALLE
    LA SORIA VERDE
    SENDERO IBÉRICO SORIANO
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NUEVA RUTA
  LA CELTIBERIA SORIANA
Todas estas rutas forman parte de la amplia oferta del Patronato Provincial de Turismo de Soria. Los contenidos y las imágenes de cada uno de los recorridos han sido facilitados a valonsadero.com por el propio Patronato. Los textos son obra de Susana Gómez Redondo, y las fotografías perteneces al archivo del Patronato de Turismo, Fernando Santiago, Lourdes Lezcano, Félix Lozano, Alejandro Plaza, Valentín Guisande, Manuel Caloto y Paco Lucas.
 
 

 

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