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| ¿Que
conoces de nuestra provincia? Compruébalo
en este crucigrama. |
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| CALATAÑAZOR
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La
carretera hacia la villa medieval se pierde entre curvas
y revueltas apuntaladas una vez más por las constantes
sabinas albares que habitan toda la zona. Está
a punto de saborear la belleza bien conservada de uno
de los pueblos más visitados de la geografía
regional, precedido por paisaje que se hunde tortuoso
hacia el cauce del río Milanos.
El descenso abrupto es ya un placer para los sentidos.
Hay luz. Mucha luz bañando la mañana. Tras
una curva, una imagen da por sorpresa el primer avance
de lo que será el descubrimiento del caserío
robusto y bien mantenido. El lienzo de muralla deja intuir
la vehemente escenografía a la que muy pronto va
a tener acceso el viajero.
Al
llegar, un pequeño aparcamiento se abre a la izquierda.
Deje el coche. El ascenso por el estrecho empedrado es
un paseo por el Medievo y lo mejor es internarse despacio
por la fascinación antigua. La cuesta que sube
hacia el Castillo le recibirá con casas de mampostería,
adobe y madera de sabina. En la parte de arriba, un encestado
de barro abre los balcones hacia calles de soportal, mientras
por el suelo se derrama un tiempo detenido. Tascas recias,
museo etnográfico, restaurantes de palomar rehabilitado,
hostal y alojamiento rural, mesones donde tomar té
de roca y chupito, pequeños comercios y carteles
de tabla hilvanando los pórticos... El conjunto,
declarado Histórico Artístico, tiene en
sus nombres ecos alados. Calatañazor no significa
otra cosa que Castillo del Azor. Y Voluce, que así
llamaban los romanos a este lugar, es la alusión
a otro ave imponente que por aquí anida: el buitre.
Aún se distinguen los restos de la poderosa Roma
en el trazado de la antigua calzada, y sus ruinas esperan
bajo la tierra a que una incierta excavación las
quiera rescatar un día. Pero la época que
se impone con la fuerza de lo conservado es un Medievo
mágico presente en cada esquina, cada casa, cada
puerta de aldaba, cada chimenea cónica con tejas
partidas. Caminar por su bello entramado es la obligación
menos costosa para no dejar pasar un solo rincón
de arquitectura vieja. Entre a la iglesia de antigua factura
románica y matices góticos. Repare en la
bóveda. No deje de admirar el órgano con
teclado de boj, el retablo policromado, manierista y barroco,
el Cristo gótico
Continúe su camino
hacia la cima de la colina. La plaza irregular con el
rollo le saludará junto a los restos de un castillo
donde dejar libre a la historia y los pulmones: respire,
respire hondo el olor del cereal que crece abajo. Deje
a la mirada perderse por el entorno calizo y la llanura
extensa. Dicen que fue aquí, en este Valle de la
Sangre, donde Almanzor perdió el tambor. Baje hasta
el sustrato donde se asienta el Castillo. Allí
verá unas tumbas antropomórficas excavadas
en la roca y alguna que otra buitrera en el áspero
relieve. Imagine las tropas cristianas y musulmanas. Dé
un salto en el tiempo para recrear dimensiones cinematográficas
en este escenario que hoy es el suyo: Orson Welles está
rodando Campanadas a Medianoche. |
| FUENCALIENTE
DEL BURGO |
El
bautizo de agua de esta localidad tiene carácter
termal, y nace junto a la ermita de la Virgen de los Remedios
o del Valle, donde un manantial abastecía a un
antiguo convento de monjas bernardas. Hoy sólo
quedan algunas paredes en pie del antiguo edificio, saqueado
a finales del XIII por el entonces señor de Ucero
y pasto definitivo de las llamas siglos después.
Tierra de cuevas, espeleología y cuentos viejos,
abre suelo y entrañas a la Torca, donde la leyenda
asegura que los árabes que caían en sus
más de ochenta metros de profundidad aparecían
vivos en la lejana África. Los relatos le otorgan
menos suerte a Zaida, la amante de Almanzor, al afirmar
que fue en las profundidades de esta sima donde la bella
mora encontrara el sueño eterno. |
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Todas
estas rutas forman parte de la amplia oferta del Patronato
Provincial de Turismo de Soria. Los contenidos y las
imágenes de cada uno de los recorridos han sido
facilitados a valonsadero.com por el propio Patronato.
Los textos son obra de Susana Gómez Redondo,
y las fotografías perteneces al archivo del Patronato
de Turismo, Fernando Santiago, Lourdes Lezcano, Félix
Lozano, Alejandro Plaza, Valentín Guisande, Manuel
Caloto y Paco Lucas.
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