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Recuperada
de algún tiempo de olvido, la fiesta que Iruecha
celebra cada 20 de agosto llena de color el pequeño
pueblo de piedra. A la entrada de la localidad, junto
a la imagen Virgen de la Cabeza, hombres uniformados
y provistos de armas y banderas multicolores ejecutan
una danza que recuerda a las fiestas de moros y cristianos,
en una mezcla de lucha y baile con estandartes al viento.
Más tarde, ambos grupos se separan para desfilar
en distintas direcciones a las afueras, donde en la
era, y acompañada de los textos de un libreto
original, se sucederá el cerco de las tropas
árabes, quienes pedirán la rendición
cristiana. Una batalla responderá a la exigencia,
con la consiguiente victoria de los cristianos gracias
a la intercesión de un ángel enviado por
la Virgen, a la que vencidos y vencedores acabarán
juntos rindiendo homenaje. Por la noche, las calles
de Iruecha se iluminarán con el Rosario de los
Faroles vidriados, que el resto del año descansan
en la iglesia parroquial de la localidad.
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