El
agua está presente en nuestra vida y condiciona
nuestros hábitos de forma fundamental. Sin
embargo, parece estar perdiendo su valor. Desde que
podemos los más afortunados (o si no, que se
lo pregunten a la inmensa mayoría de los hombres
que habitan en el Tercer Mundo) disponer de este líquido
elemento con tan sólo girar la llave del grifo,
hemos olvidado la importancia de este recurso natural,
que ha supuesto un pilar central en todas las sociedades
que nos preceden.
El agua es un bien escaso de gran relevancia para
la subsistencia del hombre. Nuestro organismo está
compuesto en un 75% de agua y necesitamos renovarla
a un ritmo de, al menos, un litro y medio al día.
El agua contiene diversas sustancias químicas,
físicas y biológicas disueltas o suspendidas
en ellas. Dichas sustancias se adquieren desde el
momento en que se condensa la lluvia, el agua disuelve
los componentes químicos existentes en la atmósfera
a medida que cae a través de ella, corre sobre
la superficie del suelo o se filtra a través
de mismo. Además, el agua contiene organismos
vivos que reaccionan con sus elementos físicos
y químicos. Por todas estas razones, suele
ser necesario tratarla a fin de hacerla adecuada para
su uso.
Para los habitantes de Soria, como de cualquier otra
parte del mundo, el agua también es indispensable.
Dependemos de ella para sobrevivir y, por lo tanto,
dependemos del buen funcionamiento de la red de distribución
y de la gestión de la misma. Aquí entra
en juego la empresa adjudicataria Ondagua, S.A., la
Confederación Hidrográfica del Duero
y el Ayuntamiento de la capital, principalmente. Son
estos los que deben o deberían velar por la
mejor calidad del agua (según el Real Decreto
140/2003, de 7 de febrero). Pero, sin embargo, estudios
realizados recientemente muestran que la situación
actual de la calidad del agua no presenta tales características.
Según el "Estudio de las técnicas
para remineralizar el agua: aplicación a la
ETAP de Soria" (2004), la situación de
la potabilidad del agua hasta principios de verano
del año pasado no era demasiado buena y recomendaba
una mejora de su tratamiento. A través del
estudio de los parámetros físico-químicos
(dureza y alcalinidad) durante el periodo comprendido
entre los años 1995 y 2004 se llegó
a la conclusión que el agua que se consumía
tenía características de agua blanda
y agresividad, acentuándose este problema en
los meses de verano.
El
hecho de que la dureza del agua influía en
la salud humana, se puso de manifiesto a finales de
1950. La relación entre la dureza del agua
y la incidencia de enfermedades cardiovasculares,
fue descrita por primera vez por un químico
japonés (Kovayaschi, 1957) que demostró
basándose en análisis epidemiológicos
que había un mayor número de muertes
por enfermedades cardiovasculares en áreas
de Japón con ríos cuyas aguas, que se
captaban para el consumo humano eran ácidas
y blandas que en aguas con aguas duras y alcalinas.
Por
otra parte, está la cuestión del embalse
de La Cuerda del Pozo, lugar de donde procede el agua
que usan los sorianos. Este año, el embalse
de la Cuerda del Pozo contiene a día de hoy
80, 860 hectómetros cúbicos de agua
o, lo que es lo mismo, está al 35,31 por ciento
de su capacidad total. Este entorno posibilita la
mayor formación de cianobacterias que, en algunos
casos, según los estudios realizados por la
Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y el Centro
de Estudios y Experimentación de Obras Públicas
(CEDEX, 2002), provocan toxinas peligrosas para la
salud humana.
Asimismo, la Asociación Soriana para la Defensa
y Estudio de la Naturaleza (ASDEN) ha hecho referencia
a esta situación en la Cuerda del Pozo y habla
claramente sobre sus efectos. Además de confirmar
la peligrosidad para el ser humano, también
advierte que estas bacterias pueden matar a los animales
e incluso a los peces. La contaminación del
agua por la toxicidad que generan estas bacterias
puede afectar a los humanos a través del consumo
del pescado recogido en dicha agua, así como
por beber de la misma o por el contacto directo con
ésta.
Con todo lo explicado queda claro que se deberían
implantar mejores medidas, además de establecer
nuevas legislaciones o normas más estrictas
en cuanto a la calidad del agua de consumo humano.
Soria es la ciudad donde se asienta la Sede Mundial
del Desarrollo Sostenible y parece una contradicción
que estando en tales circunstancias como en las que
está esta provincia quiera destacarse como
una de las ciudades modelo en cuanto a un perfecto
equilibrio entre agua, aire y tierra. Para poder presumir
de esto no estaría mal que primero se empezaran
a mejorar las cosas más básicas porque
la salud es lo primero.